A veces la vida te pide que te detengas un poco, suplicando que te dejes envolver.
Y te dejas llevar… y sin querer comienzas a ver y sentir todo aquello que hace mucho ya no fuiste capaz de apreciar: los sonidos, los colores, los aromas de la vida en cotidianidad.
Y las ganas te entran, te recorren lento por las venas llegando a cada terminación nerviosa del cuerpo incitándote a ser fuego, a ser ave, a volar en la caricia del aire, a ser uno con el viento; a ser brisa suave que besa y se pierde en la nada.
Cierras los ojos y comienzas a soñar; a ser uno con todo, con la nada. Te pierdes en pensamientos vagos intentando ser… fugándote en la sonrisa de aquellos que enamorados ni siquiera te ven.
Comienzas a observar uno a uno cada ser vivo que se cruza… y aquella ave polluela que brinca y medio vuela te recuerda a ti: Temerosa, si; pero con las ganas de aprender y vivir.
16/junio/2016 Zócalo de Tlaxcala, México.
Imagen tomada de Radio Altiplano “Kiosco y fuente en el Zócalo de Tlaxcala”

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